Luis Guillermo Vasco   Luis Guillermo Vasco
 
ENTRE SELVA Y PÁRAMO. VIVIENDO Y PENSANDO LA LUCHA INDIA
 

ACOMPAÑANDO LA ORGANIZACIÓN Y LA LUCHA INDÍGENAS > POR LOS CAMINOS DE LA ORGANIZACIÓN INDÍGENA Y SUS POLÍTICAS

En el curso de la discusión y como un resultado de la experiencia en el empleo de la categoría de minorías nacionales para pensar sobre las sociedades indígenas en Colombia y, también, para participar en sus luchas en forma eficiente, fui transformando la categoría misma en la de nacionalidades minoritarias, para adecuarla a la realidad de nuestro país y a la del movimiento indígena en ese momento.

Con este desarrollo teórico logré resaltar la manera como tal concepto hacía posible superar la visión particularista de las sociedades indígenas, resultante de la mirada de la etnografía sobre las mismas, concepción que proyectaba, entonces como ahora, la imagen de un gran mosaico de grupos distintos entre sí y sin mayores relaciones entre ellos. La categoría transformada sentaba también las bases para entender el proceso de unidad que se estaba desarrollando y que llevó al movimiento indígena a alcanzar una dimensión nacional a partir de su inicial comienzo regional, caucano. Proceso que era necesario comprender en esos momentos de conformación de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC.

También avancé en el análisis de las contradicciones entre los indígenas y distintos sectores de la sociedad nacional colombiana, comenzando por aceptar su existencia —que muchos negaban y niegan todavía— y mostrando sus bases reales y condiciones que en algunos casos ya prefiguraban las confrontaciones que se vienen dando hoy, por ejemplo, con los grupos guerrilleros, en especial con las FARC.

Finalmente, hice énfasis en el llamado doble carácter de las sociedades indígenas en tanto nacionalidades minoritarias, proponiendo una concepción que hiciera posible ir comprendiendo las relaciones entre sus peculiaridades nacionalitarias y las características estructurales y de clase de la sociedad colombiana y de su estado. Clarificación conceptual de gran importancia en la medida en que, incluso actualmente, es corriente que se postule una oposición excluyente entre ambos aspectos; es decir, que se piense que el carácter nacionalitario —o étnico, como algunos lo llaman— excluye el de clase, y que las luchas de las nacionalidades no son lucha de clases porque son étnicas.

Entre tanto, en el intervalo que transcurrió desde la aparición del artículo de Román hasta mi respuesta, algunos sectores indígenas y otros antropólogos terciaron en la discusión, en especial en un foro de apoyo al movimiento indígena que tuvo lugar en el salón de sesiones del Concejo de Bogotá. Al poco tiempo, esta discusión y algunos comentarios que aparecieron en el periódico Unidad Indígena, que publicaban los sectores más cercanos al CRIC, en relación con mis posiciones y mi trabajo con los embera, los guambianos y los paeces, fueron recogidos en una entrevista que dirigentes de la Coordinadora Indígena Nacional —que después se convertiría en la ONIC— dieron para un periódico de estudiantes de antropología de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. Comentarios que respondí en una Carta Abierta que hace más énfasis en lo relativo a las políticas que orientaban o debían orientar las luchas indias que en lo teórico, aunque ambos niveles estaban presentes en forma simultánea e interrelacionándose.

POR LOS CAMINOS DE LA ORGANIZACIÓN INDÍGENA Y SUS POLÍTICAS

[Carta abierta escrita en noviembre 11 de 1981 al periódico ANTROPOS, publicado por estudiantes de la Carrera de Antropología de la Universidad Nacional de Colombia]

Resulta por lo menos vivificante, después de un largo y casi interminable período de vaciedad, que el Departamento de Antropología vea circular un órgano de expresión relacionado con esta actividad y en donde los temas conversados a medias todos los días, por corredores y potreros, tengan alguna sistematización. Por lo mismo quizá, no se ve clara la ruta que tenga delineada ni cuáles son los mínimos puntos que lo guían en su avance preliminar; por eso, quizá, tiene un poco de aquí y un poco de allá, un algo de propio y un algo de ajeno, sin que aparezca una posición definida del periódico frente a muchas cosas. Pero, en fin, lo considero algo bueno para el Departamento.

Me decidí a escribirles sobre la entrevista, cuya primera parte publican en el número 1, realizada con dos miembros de la Coordinadora Indígena Nacional, en parte porque hay en ella muchas cosas a medias que es bueno completar y otras que no son exactas y que es conveniente rectificar, y en parte porque estoy incluido en una de las preguntas (y en la respuesta, desde luego), aunque no se mencione mi nombre, a menos que el lector se tome el trabajo de buscar el correspondiente ejemplar de Unidad Indígena.

Y si lo hago como carta abierta y no con una carta para publicar en su periódico, es porque me temo que resultará un poco larga y poco me gustan las publicaciones por entregas cuando de plantear una posición se trata.

Y AHORA, ENTRO EN MATERIA

Preguntan ustedes: “En el número 48 de Unidad Indígena el CRIC denuncia las actividades de un par de antropólogos dentro de las comunidades. ¿Cuál es la posición de las comunidades indígenas frente a estas situaciones?”. Dos cosas quiero anotar sobre la pregunta misma, antes de referirme a la respuesta. (A propósito, uno de los entrevistados no se llama José Luis sino Orlando).

Buscando el número 48 del periódico Unidad Indígena, encuentro que se trata del informe de una de las comisiones del VI Congreso del CRIC, la de “antropólogos, estudiantes de antropología y otros estudiosos”, en la cual participaron también algunos indígenas. No se dice, aunque pudo darse, que tal informe haya sido aprobado por el congreso.

Lo que allí se dice de mí y de otra persona (que no es, por cierto, antropólogo ni le gustaría el título que de tan buena gana le dieron en la comisión) viene fundamentalmente de tales “antropólogos y estudiosos”. Queda, pues, la duda sobre quién hace la denuncia: ¿el CRIC o algunos intelectuales? Podría responderse que el CRIC la comparte pues la publica, ¿pero no sería más claro y efectivo, si nuestra labor es tan nefasta y perjudicial para las comunidades y la organización, que fueran ellas mismas las denunciantes?

DONDE APARECEN CIERTAS CONTRADICCIONES

Preguntan ustedes cuál es la posición de las comunidades, y los interrogados responden como si efectivamente lo que dicen fuera la posición de ellas. Pero, ¿de cuáles se trata? ¿Serán, acaso, todas las existentes en el país?, ¿o solamente las del Cauca?, ¿tal vez las representadas en el VI Congreso?, ¿únicamente las representadas en la Comisión? Es aún probable que solo sea la posición de los entrevistados, porque nada muestra que todas o algunas comunidades indígenas apoyen tales denuncias. Incluso tal vez ni los dos hablantes estén de acuerdo con ellas, ya que su respuesta difiere completamente de lo que dicen los mencionados “antropólogos y estudiosos”. Veámoslo.

Dicen estos que nuestra labor en las comunidades está orientada “hacia fines lucrativos y personalistas”, mientras los entrevistados nada dicen al respecto.

Sobre tal mentira, que no se ha comprobado ni se podrá hacerlo por su carácter de tal, no está de más recordar que entre los intelectuales que la impulsaron y que la difunden se encuentran algunos que se dicen defensores decididos de los indígenas pero que, ellos sí, obtienen buenos beneficios trabajando para sus enemigos, bien para los misioneros católicos disfrazados en ASCOIN (Asociación Colombiana Indigenista, varias veces denunciada por el propio CRIC y contra la cual se realizó la Semana de Solidaridad con las Luchas Indígenas en Medellín), bien para los más recalcitrantes integracionistas a través del Proyecto Holanda-Colombia para la educación entre las comunidades indígenas, ya para extrañas fundaciones que solicitan dinero para “ayudar a los indígenas” y encuentran eco y respaldo en el número 60 de este año de Ethnia, (revista publicada por el Comité Colombiano de Coordinación Misional), como ocurre con la llamada FUNCOL, y que derivan su subsistencia de tal “ayuda a los indios”. Y así muchos otros casos. Me viene a la cabeza el dicho popular de que “el ladrón juzga por su condición”.

EL PROBLEMA ES DE POLÍTICAS

Pero, dejemos de lado esa acusación mentirosa que no es creída ni por los indígenas que los tales “estudiosos” dicen defender, y entremos a analizar la opinión de los entrevistados.

Ellos consideran que el problema es político y de políticas. Estoy de acuerdo con ellos, esa es la posición que hemos venido sosteniendo y la misma que plantean en sus documentos las comunidades que no comparten las orientaciones del Comité Ejecutivo del CRIC sobre la organización y la lucha. Pero, ¿de qué políticas se trata y de dónde vienen? Pienso que es la respuesta que hay que dar.

PENSAMIENTO INDÍGENA Y PENSAMIENTO BLANCO

Dicen los dos entrevistados que lo que ocurre es que llevamos a las comunidades políticas que vienen de afuera y que eso las divide. Es cierto que todo sector de la sociedad colombiana que entra en relación con una comunidad indígena lleva a ésta políticas propias de ese sector y, por lo tanto, externas a las comunidades. Incluso, algunos indígenas que se han educado en la sociedad blanca llevan, cuando regresan, políticas de esta sociedad metidas en sus cabezas, aun más peligrosas porque se ocultan tras una presencia indígena. Esto tiene validez, no sólo para nosotros, sino también para los asesores del Comité Ejecutivo del CRIC, quienes aunque pagados con dineros de la organización no pertenecen a ella, y para los “estudiosos” que colaboran con ellos.

Se trata es de si estas políticas de fuera coinciden o no con las políticas existentes en las comunidades (aunque hay sectores de los vinculados al Comité Ejecutivo, y el mismo Comité en algunas ocasiones, que parecen creer que los indígenas no tienen política y que las únicas que merecen tal categoría son las de las organizaciones de la izquierda colombiana). Además, y como lo más frecuente es que en las comunidades existan sectores diversos, cada uno con una política diferente, es necesario ver con cuál de estos sectores y políticas se coincide.

Pensamos que en la mayor parte de las comunidades, si no en todas, es posible distinguir dos grandes sectores: uno tradicionalista, que se apoya en las características propias, las defiende y ve en ellas una base firme para continuar desarrollándose y avanzando, y otro integracionista, muy permeado por la ideología que ha venido de la sociedad colombiana, y que ve el futuro de sus sociedades no con fundamento en lo propio, sino casi exclusivamente en lo que viene de afuera, de la sociedad colombiana, así se trate de los sectores de izquierda de la misma. Son aquellos a quienes se les “mestizó la mente”.

A nuestro modo de ver, el Comité Ejecutivo del CRIC y sus asesores, aunque tal vez fuera mejor decir por causa de sus asesores, considera que esta última es la política correcta que hay que apoyar y desarrollar. Nosotros creemos, por el contrario, que es la primera a la que hay que respaldar y afianzar. Es decir, la política de ellos es dar apoyo y desarrollar las fuerzas y políticas que, dentro de las comunidades, siguen la vía de que no hay futuro para el indio sino en su integración a la sociedad colombiana; nosotros tenemos la política de fortificar, respaldar y ayudar a desarrollar las fuerzas que en las comunidades creen que las formas propias de vida, las características propias de sus sociedades, son todavía formas válidas de vivir y representan bases para avanzar y progresar, y, por supuesto, para luchar por conseguirlo.

LOS INDÍGENAS DEBEN LUCHAR POR LO SUYO AHORA

Las sociedades indígenas tienen reivindicaciones propias, características suyas (de cada una) y que no se dan dentro de ningún sector de la sociedad colombiana. Tenemos la convicción profunda de que estas sociedades tienen el derecho a luchar por ellas ahora, que los distintos sectores de la sociedad colombiana que luchan por un cambio están en la obligación de apoyarlas y respaldarlas ahora.

Por eso no compartimos posiciones como las de la Coordinadora y el Comité Ejecutivo del CRIC, quienes proponen, si hemos de creer a los entrevistados, que los indígenas deben dejar la lucha por sus reivindicaciones propias para después, para cuando haya “un sistema distinto” que “nosotros podemos llamar de cambio”.

Lo que ellos proponen es que los indígenas deben dejar sus propios intereses, sus propios motivos, sus propias luchas para después, para reclamarlas cuando haya un gobierno amigo y, entonces sí, “pelear un poco la autonomía de las comunidades indígenas”, pero no ahora porque eso “no lo podemos concebir dentro del sistema actual”.

Pero, ¿qué lógica es esa?, ¿qué estrategia de lucha es una de este tipo? Contra un gobierno enemigo, como el actual, no vamos a luchar por nuestros intereses, pero cuando haya un gobierno amigo sí lucharemos por ellos contra él. No puede concebirse una idea más absurda.

¿POR QUÉ Y POR QUIÉN SE LUCHA?

Pero hay más. Si hoy los indígenas deben dejar la lucha por los intereses, por las reivindicaciones propias, entonces, ¿por qué tipo de intereses van a luchar? ¿Solo por los de los sectores populares colombianos, es decir, por los de fuera?

La historia ha mostrado que ningún sector social se vincula a una lucha sino por la búsqueda de sus propias reivindicaciones, por buscar un mejoramiento de sus propias condiciones, y que nadie se lanza al combate por intereses sociales ajenos, dejando los suyos para después.

Una posición como ésta es entonces la que en el fondo y por encima de sus declaradas buenas intenciones conduce a que los indígenas se marginen de las luchas populares colombianas, que se abstengan de participar en ellas, al no encontrar en sus programas y objetivos nada de lo que los afecta, ninguna de las cosas que buscan, nada que satisfaga las necesidades derivadas de sus condiciones de vida.

¿AISLAMIENTO O UNIDAD?

Y, ¿acaso proponemos nosotros que los indígenas se aíslen, que no participen de las luchas que hoy se libran, que peleen solos, que no hagan alianzas, que no estén al lado de los sectores populares colombianos, que no busquen la unidad con ellos? De ninguna manera. Nuestra política es todo lo contrario. Simplemente no creemos que ello se consiga mediante una prédica abstracta, con un proceso de “concientización” que operaría en el aire, al margen de las luchas concretas que se dan.

Pensamos que los indígenas luchan por un avance, por un progreso, por un desarrollo de su vida, de la suya propia y en sus condiciones de existencia. Y que también los obreros, los campesinos, los estudiantes y demás sectores populares colombianos luchan por un objetivo igual, por avanzar, por progresar, por mejores y más libres condiciones de vida, por las suyas propias, las de cada clase y sector, de acuerdo con las características específicas de cada uno.

Y que, a medida que indígenas y pueblo colombiano luchen por alcanzar este objetivo, irán encontrando que los enemigos que se les oponen son los mismos: las clases dominantes colombianas y el imperialismo; que el obstáculo fundamental para su desarrollo social es el actual sistema colombiano de explotación y opresión de clase, pero también de opresión nacional. Y que es en esto donde está la base para conseguir la unidad en una misma lucha, lucha que, aunque común, cada uno libra de una manera particular, en sus condiciones y por sus objetivos, y en la medida en que cada clase o sector y, claro está, cada sociedad indígena, comprenda que el triunfo de todos es también el triunfo particular de cada uno y que con él alcanzará sus propias reivindicaciones.

UN PROGRAMA POLÍTICO POPULAR DEBE ENGLOBAR LOS INTERESES DE TODOS LOS SECTORES DEL PUEBLO

Parece extraño que esto, que es el ABC en la búsqueda de la unidad y que todos comprendemos o decimos comprender cuando se plantea con respecto a nuestra sociedad, no se comprenda ni se acepte cuando toca a las sociedades indígenas.

¿Acaso no sabemos que si el programa de lucha de la izquierda no incluye, ya y ahora, las reivindicaciones del campesinado en sus diferentes sectores, este no participará de ella? ¿Y que si los intereses de los intelectuales y de la pequeña burguesía no se contemplan, ya y ahora, tampoco ellos participarán en el combate? ¿Por qué se dice entonces que las reivindicaciones indígenas deben dejarse para después? Aunque no se desee, esto lleva inexorablemente a marginarlos de la lucha popular.

¿Que las reivindicaciones de los indígenas se contradicen, en ciertos aspectos, con los intereses de algunos sectores del pueblo colombiano, como los colonos pobres, por ejemplo? Cierto; es obvio que es así. Pero, ¿deben entonces los indígenas dejar tales reivindicaciones para después? Claro que no. Entonces, ¿deben ser esos colonos los que dejen sus intereses para más tarde, para no chocar hoy con los indígenas? Es claro que no es esta tampoco la solución.

¿Qué hacer? Aquí está, de bulto, la dificultad para crear un programa político para la lucha por el cambio al que se aspira, lo arduo de encontrar una orientación, una línea política que lo dirija y que sea capaz de incluir los intereses de todos los sectores populares, aun los indígenas, para que todos ellos se vean representados, se reconozcan en él y comprendan que ese programa, esa línea, satisface sus aspiraciones, estando así dispuestos a luchar por él.

Por eso, la unidad de los sectores populares, incluidos los indígenas, es algo que se va haciendo, que se construye poco a poco y por sectores, y no algo que se decreta en las Coordinadoras u organismos semejantes.

UNIDAD Y SOLIDARIDAD A PARTIR DE CONSOLIDAR LO PROPIO

La unidad es un resultado del avance, del desarrollo de cada sector de la sociedad y de sus luchas, de la mayor comprensión de los intereses específicos de cada uno y de cuáles son los obstáculos esenciales que se presentan para conseguirlos. Pero creemos que este proceso comienza necesariamente por la consolidación, comprensión y desarrollo de lo propio, y que solo a partir de allí habrá bases para una verdadera unidad popular (inexistente hoy en Colombia) en la lucha y para ella, y no para la simple unidad de los cuadros, las directivas, los organizadores, por encima y al margen de sus bases (unidad que todos los días se decreta pero que nunca se consigue en la práctica).

Vemos que el orden contrario, y no se trata de un orden cronológico sino de un orden de énfasis, de prioridades, se limita, por sus efectos, a reproducir interminablemente la situación actual, en la cual los distintos sectores populares hablan de unidad, pero esta no se avizora en forma estable por parte alguna.

Consideramos que la solidaridad de cada sector popular con las luchas de los demás sectores es un paso previo a la consecución de la unidad, y uno de los caminos que hay que transitar para ir alcanzándola en la lucha.

Pero no debemos ver la solidaridad en una forma abstracta, en un mero enviar comunicados de apoyo, en un mero circular de sombreros y tarros sellados para recoger fondos, en algo que se da por principio. La concebimos como algo más profundo. Creemos que implica un mutuo conocimiento, pues no se puede ser verdaderamente solidario con base en meros principios abstractos, sin un conocimiento de los intereses de cada cual, de sus condiciones de vida, de las características de sus luchas y de cómo ellas responden a unos y otras.

Aún recuerdo cuando en un acto de solidaridad que los indígenas celebraban con los obreros y campesinos de Chinchiná, Caldas, y cuando aquéllos hicieron circular el tradicional sombrero para recoger dineros que ofrecieron a los indígenas presentes, uno de ellos, miembro del Comité Ejecutivo del CRIC, tomó la palabra para expresar, indignado, que los indígenas no pedían limosnas y que, aunque pobres, se basaban principalmente en sus propias fuerzas para adelantar sus tareas. ¿Qué es esto sino el resultado de un profundo y mutuo desconocimiento?

La solidaridad es vana si no resulta de una comprobación de que las luchas propias de cada sector forman parte de una lucha común y sirven, por tanto, no solo a quienes luchan, sino también a quienes les brindan su solidaridad. Se convierte, sin ella, en un vano ritual que tranquiliza conciencias, crea apariencias, satisface los principios, pero que deja a ambos lados, al que lucha y al que se solidariza así, tan lejos de una verdadera unidad como lo estaban al comienzo.

Pero, pasemos a otra cosa.

EL INDIGENISMO CÓSMICO Y SU FALSIFICACIÓN

Da la impresión de que las respuestas de los entrevistados caracterizan nuestra posición dentro del “indigenismo cósmico”. Francamente yo creo que todo este argumento no pasa de ser una fraseología sin sentido; que quienes la pronuncian tratan de repetir, infructuosamente, un discurso mal aprendido. Veamos por qué.

Que yo recuerde, nadie ha planteado en Colombia el indigenismo cósmico. Esta posición se ha desarrollado en otros países de América y no precisamente por antropólogos, sino por sectores de las sociedades indígenas de esos países, quienes plantean un desarrollo propio, fundamentado en la construcción del Segundo Tawantinsuyu. Se basa en los principios fundamentales del imperio incaico, entendido este como una Nación de Ayllus, y en el retorno “a nuestro antiguo cauce histórico, natural y cósmico”, según expresa el Manifiesto del Consejo Supremo del Movimiento Indio del Perú.

Esta posición no es, ni mucho menos, generalizada a todos los sectores indígenas del Perú y Bolivia. Y, repito, nadie la postula en Colombia.

Pero decir que este movimiento, respetable e importante aunque no lo compartimos, propone “botar el azadón y la pica y volver al hacha de piedra y al cuchillo de piedra”, como dicen los miembros de la Coordinadora Indígena, no es otra cosa que una mentira o una ignorancia total de la posición que pretenden refutar.

Para mostrarlo, cito el principio número 3, de los 10 que caracterizarán el Segundo Tawantinsuyo, tal como aparece en dicho Manifiesto: “El progreso económico se fundará en el perfeccionamiento tecnológico continuado, que implica no sólo el mejoramiento de los medios de producción naturales, sino, sobre todo, el perfeccionamiento de la organización para producir, de manera que la forma en que se produzca se adecue a la organización social” (subrayado mío). Agregando que no admitirán tecnologías que destruyan el medio ambiente o desequilibren la naturaleza. Como se ve, el problema no consiste en antropólogos “que no se sabe dónde han vivido”, como dicen los de la Coordinadora, sino de gentes que no entienden lo que han oído, como ellos mismos.

FALSIFICAR COMO MÉTODO DE REFUTAR

Y si nadie lo plantea ni lo ha planteado en Colombia, no se entiende cuáles pueden ser las comunidades entre las cuales, dicen ellos, “caló en un momento dado”, pero que “se han decepcionado”.

Estamos frente a una doble falsificación. Primera: se tergiversa una posición para hacerla aparecer absurda y poder, así, refutarla. Segunda: se atribuye esta posición (una vez tergiversada) a quienes no la han sostenido, para poder desacreditarlos. La única conclusión que puede sacarse de tal procedimiento es la de que quienes hablan no poseen argumentos válidos contra la posición real que sustentamos.

SE QUIERE BORRAR A LOS GUAMBIANOS DE LA HISTORIA DEL CRIC

Me quiero ahora referir a otro tema. Dicen los representantes de la Coordinadora que “los compañeros de Guambía no han pertenecido directamente a la organización”. Esto es verdad sólo desde cierto punto de vista, pero no lo es si se mira desde otro ángulo.

Cuando el CRIC surge en el Cauca, el Cabildo de Guambía no participa ni toma parte en las luchas que se desarrollan posteriormente. Los Cabildos que se suceden allí buscan más bien la defensa de los intereses de los sectores superiores de la comunidad, considerados desde el punto de vista económico, y se constituyen en un elemento de apoyo de curas y politiqueros de la región. Entre tanto, el grueso de la comunidad ignora lo más general referente a la nueva organización.

Pero los miembros de la Cooperativa Indígena de Las Delicias, los terrajeros del Chimán, así como otros guambianos, sí toman parte en la fundación y desarrollo posterior de la nueva organización. Así lo reconocen explícitamente las dos cartillas del CRIC (Nuestras luchas de ayer y de hoy; Cómo nos organizamos). Son guambianos los primeros presidentes del CRIC y varios de los miembros de su Comité Ejecutivo. Y hasta el presente no ha dejado de haber guambianos en dicho Ejecutivo.

¿Por qué se dice ahora que los guambianos no han pertenecido directamente a la organización? ¿No se realizó, acaso, la Tercera Asamblea del CRIC y Primer Encuentro Nacional Indígena (pues fue éste el primero y no el de Lomas de Ilarco, como se nos asegura ahora) en Guambía, tomando como base la Cooperativa? ¿Y no desempeñaron algunos guambianos un papel fundamental en la tarea de extender a Tierradentro la influencia de la naciente organización?

Incluso, ¿no es un guambiano el secretario de la actual Coordinadora Indígena Nacional? ¿Será que este no se reconoce ya como guambiano?

Si todos estos hechos muestran la participación guambiana en el nacimiento y desarrollo del CRIC, ¿cómo se entiende entonces la afirmación de los entrevistados?

La idea central que orienta la creación y conformación del CRIC, desde el punto de vista de las comunidades participantes, es la de que éste debe agrupar, coordinar y fortalecer las luchas que en ese momento se desarrollan, y ayudar a organizar y luchar en las comunidades que no lo hacen. Se concibe como una organización fundada en la autoridad de tales comunidades, es decir, como una organización de cabildos; sobre esta idea se conforma la Junta Directiva (teóricamente la máxima autoridad) con representantes de los Cabildos. Desde este punto de vista, es correcta la aseveración de que los guambianos no han pertenecido directamente a la organización, pues su cabildo estaba al margen de ella.

Pero esto, que ahora se trae a cuento, no se dijo en ningún momento en el pasado ni fue obstáculo para que siempre se hablara de los guambianos como partícipes de la organización ni para que se les incluyera entre sus directivos y fueran guambianos sus primeros presidentes.

Si ahora se apela a este argumento no es porque se esté haciendo una autocrítica a las desviaciones que, respecto a esos principios iniciales, se han dado en la organización; al contrario, se persevera en ellas.

Así, cuando el Cabildo de Guambía asiste, pese a no haber sido invitado, al Encuentro de Lomas de Ilarco, se le niega la vocería de su comunidad, se desconoce su autoridad y se le relega al papel de observador sin voz ni voto, a causa de sus posiciones críticas a la política del Comité Ejecutivo. En cambio, se da la vocería y representación de los guambianos a los delegados de la Empresa Comunitaria del Chimán, quienes no representan siquiera a diez familias, pero que son el único respaldo del Ejecutivo en Guambía.

O como ocurrió precisamente en el VI Congreso, donde se nombró para el Comité Ejecutivo, en representación de Jambaló, a un indígena que se opone a la orientación que el Cabildo da a la lucha y que desconoció la decisión de este Cabildo de no asistir al Congreso.

Entonces, lo que ahora se dice solamente tiene el objetivo de restar fuerza e importancia a las posiciones críticas de los guambianos, que por cierto no son solo suyas, sino compartidas por Jambaló, Novirao, Jebalá, Naya y otras parcialidades.

DE CÓMO MULTIPLICAR ES DIVIDIR

Además, si los guambianos no han pertenecido a la organización, si antes no estaban organizados, ¿con qué base se puede afirmar que nuestra relación con ellos ha tenido un propósito y un resultado divisionistas para la organización del CRIC? Esto no parece tener ninguna lógica. Se realiza un trabajo conjunto con una comunidad de la cual se dice que no ha pertenecido a la organización, que no estaba organizada y que no participaba en la lucha; como resultado de ese trabajo, la comunidad se organiza, lucha y se reclama de la organización del CRIC, ¿cómo puede ser llamado esto divisionismo? Solamente desde un punto de vista completamente sectario, que pretende desconocer toda organización y toda lucha que no se pliegue acríticamente a las orientaciones y métodos de trabajo y de lucha que sean decretados en un momento dado por el Comité Ejecutivo y sus asesores y, según parece, actualmente también por la Coordinadora Indígena Nacional.

“EL CRIC SOMOS LAS COMUNIDADES ORGANIZADAS Y EN LUCHA”

Cuando en 1979 se desencadenó la represión sobre el Ejecutivo y sus colaboradores, estos y aquel se dispersaron y las luchas fueron dejadas de lado. Inclusive se buscó enfrentar la represión con las denuncias internacionales y con los foros realizados en el país, y no con la movilización de las masas indígenas como se había hecho al comienzo (por ejemplo cuando mataron a Gustavo Mejía). Tampoco las comunidades se movilizaron en su defensa.

En ese momento, a iniciativa de la comunidad de Jambaló, y con participación, entre otros, de los guambianos, se efectuó el encuentro de Barondillo, donde más de 400 delegados levantaron su voz para proclamar: ¡EL CRIC NO HA MUERTO!, ¡EL CRIC SOMOS LAS COMUNIDADES ORGANIZADAS!, volviendo así por los principios que dieran origen a la organización y sosteniendo, de paso, que por ser así, el CRIC era indestructible.

En Barondillo se dejó de lado el concepto derrotista de que no se podía luchar porque las condiciones de represión no lo permitían y, con esa conciencia, las comunidades se lanzaron de nuevo a la lucha, guiadas por el ejemplo de Jambaló, primero, y de Guambía, luego.

Esta línea se fortaleció y desarrolló en el Encuentro de Guayupe (febrero de 1980) con la asistencia de 12 gobernadores y muchísimos indígenas; y después en Guambía, en la Primera Asamblea del Pueblo Guambiano (junio de 1980). Delegados de 32 parcialidades participaron junto con más de 5.000 guambianos y más de 1.000 delegados solidarios de todo el país.

Cuando se toma conciencia de que la organización no es un fin sino un medio, se amplía la consigna: EL CRIC SOMOS LAS COMUNIDADES ORGANIZADAS Y EN LUCHA.

¿Acaso no es esto cierto? ¿Qué es, entonces, el CRIC? ¿Será éste una marca registrada por el Ejecutivo y sus asesores? ¿Serán el CRIC las comunidades desorganizadas y que no luchan? O, ¿por qué se califica de divisionista esta consigna?

En febrero se celebra en Guambía un gran Encuentro para celebrar el 10º Aniversario de la Fundación del CRIC, al cual asisten miembros de muchas comunidades y solidarios colombianos. El propio periódico Unidad Indígena felicita a los guambianos por esta celebración. ¿Cuál es, pues, el divisionismo?

DE NOSOTROS Y PARA USTEDES TAMBIÉN

Ahora se tacha, como lo hacen los entrevistados, de indigenista la posición de los guambianos. ¿Por qué? ¿Porque plantean el desarrollo de lo propio? ¿Porque proclaman su derecho a ser y vivir como guambianos? ¿Porque se niegan a ser integrados a la sociedad colombiana? No es posible que sea por esto, ya que son puntos sostenidos también por el programa del CRIC, aunque a veces se olviden de las orientaciones y políticas que se fijan para la organización (muchas veces desde afuera, como ocurrió con la Plataforma Política del Quinto Congreso, íntegramente escrita por uno de los asesores blancos, que no fue conocida antes por las comunidades y que ya estaba impresa desde mucho antes de la realización del Congreso donde fue “aprobada”).

¿Será, acaso, porque los guambianos hayan planteado aislarse, luchar solos? Sería difícil encontrar otra lucha de las libradas desde la fundación del CRIC, en la que una comunidad se haya preocupado tanto por abrirse hacia los sectores populares de la sociedad colombiana como la librada por los guambianos por la recuperación de Las Mercedes.

Antes de cada movilización se han realizado encuentros amplios (como el del Núcleo de Guambía en julio del 80), con participación de las comunidades, de sectores solidarios colombianos (obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales) y, aun, de delegaciones encabezadas por miembros del Comité Ejecutivo del CRIC; se han enviado delegaciones a las principales ciudades para informar y buscar solidaridad, para denunciar por prensa y radio, etc.

De cada Encuentro se han publicado documentos que exponen la posición de los guambianos, como el Manifiesto Guambiano, cuyo título lo dice todo: “De nosotros y para ustedes también”; o de los sectores que les dan su apoyo, como el Reconocimiento al Derecho del Pueblo Guambiano, aprobado y firmado por más de 300 organizaciones y personalidades colombianas, entregado a la comunidad en un acto masivo celebrado en Popayán, y cuya difusión y aprobación trató de sabotear la delegación del Comité Ejecutivo en el Foro por los Derechos Humanos.

Y los triunfos han sido celebrados conjuntamente con los solidarios colombianos y con otras comunidades, como se dio el 20 de julio de este año en Las Mercedes recuperada.

En noviembre de 1980 se realizó, junto con las autoridades de varios resguardos paeces, las del Gran Cumbal en Nariño y de los kamsá de Sibundoy, una Marcha de Gobernadores que visitó Pasto, Timbío, Popayán, Puerto Tejada, Cali, Bugalagrande, Pereira, Medellín, Zipaquirá y Bogotá, para exponer ante los sectores populares, y también ante las autoridades colombianas, sus posiciones y sus derechos y para pedir el reconocimiento de los mismos, y recabar la solidaridad del pueblo colombiano. De un documento de la marcha, extracto lo siguiente, planteado al pueblo colombiano:
La solidaridad que buscamos es un apoyo claro, continuo y valeroso de ustedes a nuestras luchas y de nosotros a sus luchas. Y como el enemigo ha armado a la gente de ideas falsas contra nosotros, necesitamos que nos ayuden a combatirlas... Estamos seguros de que luchando juntos por nuestros propios derechos nos comprenderemos mejor y nos apoyaremos más firmemente.
¿Es todo lo anterior manifestación de indigenismo?, ¿de deseo de aislamiento? Absolutamente no; es todo lo contrario.

EL DERECHO MAYOR POR SER AUTÉNTICOS AMERICANOS

Los entrevistados dicen, usando el mecanismo que ya analizamos (falsificar la posición ajena para hacerla aparecer absurda), que “no podemos decir que vamos a reclamar todo el territorio porque nosotros hemos sido los originarios y los antepasados fueron los dueños de la tierra”, traduciendo de una manera amañada la posición guambiana del Derecho Mayor y agregando que “nos tocaría enfrentar al resto del pueblo colombiano”.

¿Cuándo, dónde han planteado esto los guambianos? Nunca; en ninguna parte. Sus planteamientos sobre el Derecho Mayor, el derecho de nacidos aquí y no venidos, el derecho de ser legítimos americanos, lo han sostenido los guambianos para basar la lucha que adelantan por recuperar las tierras de su resguardo, usurpadas por terratenientes caucanos y vallunos, como Ernesto González Caicedo, contra quien combaten en la actualidad. ¿Acaso la Coordinadora o sus representantes entrevistados consideran que esto enfrenta a los guambianos con el pueblo colombiano?, ¿pertenecen a él los terratenientes?

NO SE PUEDE TAPAR EL SOL CON LAS MANOS

La mejor respuesta a estos planteamientos la dio, en la misma reunión a la que los entrevistados se refieren, otro miembro de la Coordinadora: el representante de los arhuacos. Este, minutos después de que Édgar Avirama había calificado de extremista e irreal la posición guambiana del Derecho Mayor, tomó la palabra para plantear el punto de vista de su comunidad. Y, al hacerlo, repitió punto por punto la misma posición de los guambianos, incluso utilizando en ocasiones las mismas palabras y frases del Manifiesto Guambiano.

Al terminar, explicó lo que es obvio a quien quiera entenderlo, y que es lo mismo que dicen y hacen los guambianos:
No quiere decir que los arhuacos pidamos todas las tierras del país por haber sido originarios de aquí; tampoco reclamamos la totalidad de los límites de la Línea Negra que incluyen la ciudad de Valledupar, pedimos que nos delimiten el Resguardo en las tierras que ocupamos, respetándonos la suficiente para poder trabajar y vivir como arhuacos; y que nos respeten el derecho a seguir siendo arhuacos.
Más claro no canta un gallo.

Y, agregó:
Queremos que nos resuelvan el problema de los colonos; ellos nos quitan las tierras, nos queman los sembrados y las casas y nos amenazan; no nos dejan vivir.
Es posible que se piense, por parte de los entrevistados, que también los arhuacos son completamente indigenistas, que su posición no “tiene en cuenta la realidad colombiana” y que “esa posición la puede apoyar el mismo enemigo”, como dicen de la de los guambianos, “porque eso enfrenta al pueblo, y nosotros no somos partidarios del enfrentamiento con el pueblo”.

Y, en consecuencia, crean que los arhuacos deban dejar el problema de los colonos para después, “para mañana, cuando haya un nuevo Estado”, con el fin de no enfrentarse con los campesinos pobres colombianos, pues eso son básicamente los colonos que no dejan vivir a los arhuacos.

Y que los guahibos deben dejarse matar por ahora en las guahibiadas, porque las realizan en gran medida llaneros pobres y no hay que enfrentarse con ellos. Y que los sionas y kofanos deben permitir que se sigan invadiendo sus reservas en el Putumayo, porque sus invasores son campesinos colombianos sin tierras, y no hay que enfrentarse con ellos.

Así en muchos lugares del país, en circunstancias que afectan a muchas sociedades indígenas. Por lo menos esto deben pensar los entrevistados si son consecuentes con el punto de vista que tienen frente a los guambianos, y a la manera que tienen de juzgar sus planteamientos.

NO HAY QUE SEGUIR LA POLÍTICA DEL AVESTRUZ

Nosotros creemos lo contrario: que éstas son contradicciones reales, objetivamente existentes entre las sociedades indígenas y algunos sectores populares colombianos, que la política acertada no es la de dejar su solución para mañana, sino que hay que encontrar una solución ahora, ya, aprovechando que su carácter no es el de las contradicciones fundamentales.

Que si no se busca una solución, si se sigue la política del avestruz, pretendiendo ignorar su existencia o aplazando su solución, en aras de una proclamada unidad con el pueblo colombiano, tal unidad no podrá ser alcanzada en la práctica, donde es más importante y decisiva: en la lucha y, por consiguiente, en la victoria.

Bueno, compañeros de Antropos, como lo presentía, me he alargado bastante, tanto que me ha sorprendido la publicación del número 2 de su revista y, con él, de la segunda parte de la entrevista. La tentación de referirme también a ella es grande, pero prefiero terminar aquí, deseándoles éxitos en su trabajo.


 
 
www.luguiva.net - 2010 ® contacto@luguiva.net
Bogotá - Colombia