Luis Guillermo Vasco   Luis Guillermo Vasco
 
LA ESPERANZA Y EL ESPEJO
IV. CRÓNICA DE UNA PANACEA

Dos características le han dado forma y fondo a la modernidad occidental: el racionalismo científico y el liberalismo burgués, que desde el siglo XVIII han desprendido figuras más recientes y familiares: el capitalismo, el Estado-nación y el Desarrollo. Comencemos por este último.

El Desarrollo, concepto engendrado por la era moderna, tiene su argumento central en la inevitable sucesión ordenada de etapas sociales, políticas y culturales, para alcanzar un único modelo de progreso y bienestar, representado por los países poderosos de cada momento. Dicho argumento, además, es la referencia obligada para medir el nivel alcanzado por otros grupos humanos, de antemano creados y recreados como material y biológicamente carentes o deficientes –subdesarrollados-.

No obstante esta tendencia, arraigada en la política de las grandes potencias y guía de la dinámica colonial e imperialista desde el siglo XVI, ha sido particularmente notoria en el siglo XX de la posguerra, en la que se redefinió la disposición global de los poderes económicos y políticos y se polarizaron las alianzas entre la línea capitalista y la socialista. El poder político de los líderes permitió convertir la seguridad de sus países en prioridad internacional y creo e identificó en aquellos bajo su dominio —como Colombia—, amenazas políticas en los niveles sociales más íntimos, que vistos a su vez como asuntos de seguridad nacional, son susceptibles de manejarse con políticas públicas.

Ahora bien, aunque desde la I Guerra Mundial se dieron algunos pasos,1 es en la II Guerra cuando Estados Unidos y sus aliados crean el primer organismo internacional de control para velar por la paz mundial, erradicando preventivamente posibles focos desestabilizadores del sistema político liberal y de paso justificando la presencia mesiánica del Desarrollo en un espacio político, recientemente creado, como albergue natural de su opuesto: el Tercer Mundo.2

THE OUTSIDERS

La pobreza en cualquier lugar,
constituye un peligro para la prosperidad de todos.


(Declaración de Filadelfia, 1944)


La ONU (1945) es el principal organismo de cooperación internacional para el fomento de la paz mundial y la protección de los derechos fundamentales de todo ser humano, sin distinción de raza, nacionalidad o género; orientado hacia el afianzamiento del progreso integral en condiciones de igualdad, justicia, respeto y libertad; funciones y principios contenidos en los Tratados de Derecho Internacional (Ríos; 1986).

Desde el momento de su fundación, el objetivo inmediato —la paz mundial en medio de la Guerra Fría—, se segmentó por grupos y estrategias de intervención directa sobre los países subdesarrollados.

La OIT (1946) se ocupa de las condiciones de trabajo y de vida en el mundo, la FAO y el PMA (1945) trabajan sobre los índices de nutrición y seguridad alimentaria, UNICEF (1946) atiende a mujeres y niños, el BIRF —BM— (1944) y FMI (1944) dictan políticas financieras y monetarias, la OEA (1948) orienta las relaciones internacionales, de acuerdo a una política exterior unificada, y la OTAN (1949) brinda apoyo militar.

Cada una de estas dependencias elabora documentos3 a los que se adhieren los países miembros; y aunque se menciona cierto margen de autonomía, es indiscutible que las administraciones públicas están desde la mitad del siglo XX sometidas a las directrices de La Comunidad Internacional, representada en las Naciones Unidas, con Estados Unidos y Gran Bretaña a la cabeza.

Todas estas dependencias fueron las encargadas de introducir, legalizar y conducir las estrategias homogeneizantes del Desarrollo al interior de los países dependientes del sistema capitalista.

Arturo Escobar (1989) señala que la médula de la ideología del Desarrollo, su implantación en el Tercer Mundo y la dominación política sobre él, suceden por dos “mecanismos”:

El primero es la Profesionalización del Desarrollo, que registra la entrada masiva de saberes especializados, ya no provenientes de Europa —cuna del progreso—, sino de Norteamérica, nuevo polo económico y político. Este fenómeno tiene la particularidad de sustraer el poder del conocimiento del entorno político y trasladarlo al dominio aparentemente neutro e inofensivo de la academia y la investigación.

Arriban así expertos en planeación, diseño de programas y proyectos, en economía del Desarrollo y del subdesarrollo y, más recientemente y para el caso que nos ocupa, expertos en Desarrollo comunitario, Desarrollo alternativo y, por qué no, planes de vida. El segundo mecanismo es la Institucionalización, o sea, el aparataje burocrático que oficializa el Desarrollo y su inevitabilidad. La proyección y direccionamiento de los dos mecanismos de intervención del Desarrollo convergen en la Planificación.

El antecedente más importante de la estrategia del Desarrollo en nuestro país data justamente de la posguerra. La legendaria Misión Currie (1949) fue la encargada de examinar cuidadosamente cada área de nuestro país (agricultura, transporte, petróleo, salud y educación, industria, energía y servicios comunales), para que el Estado colombiano, a su vez, rectificara un camino caótico y desordenado —posible amenaza para la paz—, planificando actividades específicas para cada área de acuerdo a las categorías “problema” señaladas por los expertos, y a las recetas para alcanzar los niveles y realidades de los países Desarrollados:
Industrialización, altas tasas de urbanización y educación, tecnificación de la agricultura y adopción generalizada de los valores y principios de la modernidad [...] de racionalidad y actitud individual (Escobar, 1999: 43).
BANCO MUNDIAL Y FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

Puesto que el desarrollo y bienestar son conceptos interdependientes,
puede decirse que el nivel de bienestar alcanzado por una sociedad,
es consecuencia del nivel de desarrollo tecnológico, al cual ha llegado.
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A raíz de la gran depresión económica de 1930, las potencias del momento —Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña— consideraron crear un conjunto de preceptos de categoría “supranacional” por los que se regulara la economía financiera y comercial del mundo “civilizado”. Concentrándose en los ejes socio-políticos de la posguerra (Breton Woods; 1944), el BM y el FMI han orientado las políticas económicas de los países del Tercer Mundo.

Dirigen la destinación de recursos, las áreas de inversión, el monto para gasto público, las políticas de precios a mediano plazo; dominan la política y las utilidades de la explotación económica del capital, e imponen “vetos financieros” a aquellos países que se alejan de su control (Estrada; 1994:7).

El Fondo Monetario Internacional (1945) conduce las políticas cambiarias y asesora la corrección de los desequilibrios monetarios. ¿Por qué ingresar al FMI?:
Facilitará la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional [eliminando], el paro forzoso y [asegurando] altos niveles de ingreso. Naturalmente [...] las naciones afiliadas, no disfrutaran de una total autonomía para establecer fluctuaciones del tipo de cambio. Pero esa leve restricción queda ampliamente compensada, con los objetivos a cuya realización, tenderán las actividades del Fondo.5
El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento —BIRF—, como una de las actividades del Plan Marshall (1944), antecedió al Banco Mundial. Este último, después de haber avanzado en la reconstrucción de Europa, dirigió su mirada y los recursos a los países subdesarrollados. Colombia, país fundador, paga una cuota, en 1945, de 50.000.000 de dólares;6 es el primer país en obtener un crédito en 1948 y, desde entonces, ha sido el cliente más conspicuo, pues todos los años ha recibido préstamos.
[La creación del Banco Mundial] obedeció al reconocimiento del papel que cumple el capital, en el desarrollo económico, y al supuesto básico de que en las economías menos desarrolladas, los montos necesarios de este, no pueden ser generados internamente o a través del mercado de capitales privados [...] (BM; 1985:2 cit., López 1997).
El alcance del poder político y económico del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional en la actualidad, según Estrada, estuvo dinamizado por tres momentos:

Un primer momento se da al inicio la Guerra Fría, cuando los niveles de la economía mundial se reestablecieron bajo el poder del dólar, utilizado económica, política e ideológicamente —con los programas de Cooperación Internacional para el Desarrollo—, frente a la influencia socialista y comunista en Asia, Europa y Latinoamérica.

El segundo momento contiene 2 circunstancias: En los ochenta, la hegemonía del dólar disminuye y entra a competir en el mercado con el yen, el marco, la libra y el franco. Mientras tanto, la deuda externa de los países “clientes” se dispara debido a la “laxitud” para otorgar préstamos; momento aprovechado por estos organismos para prometer nuevos plazos para los pagos y futuros créditos a cambio de ajustes a la inversión pública y reducción de la intervención del Estado en las economías de los países deudores.

El tercer momento se da con de la caída socialista, pues son el BM y el FMI los que conducen la transición de las economías de aquellos países al sistema capitalista renovado por el fracaso del proyecto antagónico.

El Banco Mundial invierte y destina créditos en las áreas del subdesarrollo, de interés para el mercado, según las coyunturas en que se vea envuelto el Tercer Mundo.

En la década del sesenta, destinó sus esfuerzos a la construcción de infraestructura; en los setenta se dedicó al sector agrícola y al Desarrollo rural y de recursos humanos. En los ochenta a programas de ajuste; y en los noventa a la mujer, la planificación y a proyectos de sostenibilidad del medio ambiente. Me detendré en los setenta.

En 1973, el BM, preocupado por persistencia, de la pobreza absoluta o relativa en el campo (BM; 1988), incentiva los créditos para tecnificación, agua potable, productividad, reformas agrarias y capacitación de nativos (por los altos costos y riesgos de los extranjeros en el Tercer Mundo).

Debido a que en los proyectos revisados fueron detectadas grandes deficiencias de diseño, mala enunciación de objetivos y definiciones, datos erróneos, falta de tecnología adecuada (Ibíd.:31), que entorpecían la normalidad de los programas para la reducción de la pobreza, el BM envía misiones de supervisión de diseño y ejecución de proyectos; proyectos que deben dar solución a problemas en las áreas sociales y comunitarias contempladas en los planes de desarrollo: educación, salud, vivienda, nutrición, agua potable, saneamiento básico, medio ambiente, desarrollo urbano, desarrollo rural, planificación, administración pública, estudios demográficos y programas de empleo (Ibíd.) (Como veremos un poco mas adelante, la similitud entre estas áreas de inversión del Desarrollo y las “áreas integrales” del Plan de Vida guambiano no son una coincidencia).

Otra medida no menos importante que tomó el BM para superar los inconvenientes de la inversión rural fue la novedosa participación de sociólogos y antropólogos que contribuyeron:
A mejorar las proyecciones y entender las características socioeconómicas y culturales [comportamientos, expectativas y sistemas] de la población que se espera beneficiar, con proyectos de desarrollo rural (Ibíd.).
La imposición de las áreas de inversión y de los proyectos como las respectivas únicas alternativas para “medir” los problemas y hallar soluciones y la rigidez “técnica” de los últimos, se avisan en las guías y manuales elaborados con colaboración o por el encargo del BM, el BID, la CEPAL etc. Por ejemplo, la “Guía para la Presentación de Proyectos del ILPES”7 (BID, CEPAL OPS; 1983), es un “manual único” dirigido especialmente a funcionarios públicos o privados:
[Para] que haya más proyectos estudiados [...], que correspondan a los sectores, ramas y actividades prioritarios y a que se preparen y presenten de manera que su análisis y evaluación se realicen con eficacia y adecuadamente (ILPES; 1983: 24).
En Colombia, el modelo lo retoman fielmente Planeación Nacional, la ESAP, el SENA, la ONIC y las asesorías privadas; que son las que finalmente, inyectan en el pensamiento indígena, la médula del Desarrollo, por medio de las repetidas e inevitables capacitaciones y asesorías sobre cómo elaborar proyectos y planes de inversión o de vida.

LA OIT Y EL DERECHO INTERNACIONAL PARA INDÍGENAS

La Organización Internacional del Trabajo —OIT— reviste especial interés, debido a que es la dependencia de las Naciones Unidas que tiene por finalidad promover en el mundo, condiciones de vida y de trabajo libres, dignas y en igualdad de oportunidades económicas, sociales y políticas,8 y es la encargada de la situación legal de las poblaciones y pueblos indígenas. Creada en 1919, al final de la I Guerra Mundial, entra a la ONU en 1946 como el primero de sus organismos asociados y en la actualidad cuenta con 175 países miembros.

Entrando en materia.

Hasta mediados de los setenta, los indígenas fueron denominados salvajes que habitaban tierras baldías; menores de edad cuya condición natural impedía y contaminaba el camino hacia el progreso y la felicidad de la Nación mestiza, y a los que era necesario exterminar, civilizar —Ley 89/1890—, en pos del proyecto Político de Unidad Nacional.9

Al final de los setenta las cosas parecen cambiar. Dos documentos, confirman el cambio en la manera en que La Comunidad Internacional considera a los indígenas.

El primero es el Convenio No 107 de 1957, que recoge los derechos de poblaciones indígenas y tribales, para su época. En 1980, se termina un estudio evaluativo que recomendó la inmediata rectificación que marca y conduce una nueva etapa.

Entre 1988 y 1989, se prepara un nuevo texto; el Convenio No. 169 de 1989 sobre pueblos indígenas y tribales. En este documento se reconocen ciertos derechos a “sus culturas e instituciones”, no contemplados hasta el momento.

El Convenio 107 de 1957, Relativo a la Protección e Integración de las Poblaciones Indígenas y de otras Poblaciones Tribuales y Semitribuales en Países Independientes, es redactado, sobre la base de la Declaración de Filadelfia (1944):
Tienen derecho a perseguir su bienestar material y su desarrollo espiritual; y considerando que existen naciones, donde las poblaciones indígenas no están aún integradas a la colectividad nacional y cuya situación social, económica o cultural les impide beneficiarse plenamente de los derechos y las oportunidades, de que disfrutan otros elementos de la población.10 (Convenio 107; 1996: 341).
El Convenio 169 de 1989, Sobre Pueblos Indígenas y Tribuales en Países Independientes, por el cual se revisa el Convenio Sobre Poblaciones Indígenas y Tribuales de 1957 se redacta, con base en las observaciones evaluativas sobre el Convenio anterior, en un momento en que las reclamaciones indígenas no hubieran tolerado menos. En tal contexto, se admite que:
[Los indígenas] aportan a la diversidad cultural, a la armonía social y ecológica de la humanidad y a la cooperación y comprensión internacionales (Convenio 169; 1996: 456). [...] y se da por supuesto, su derecho a seguir existiendo, en el seno de sus sociedades nacionales, a establecer sus propias instituciones y a determinar el rumbo de su propio desarrollo (La OIT y los Pueblos Indígenas y Tribales).11
Hay permanencias e importantes transformaciones entre los dos documentos. Ambos se cimientan en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero con distintas versiones acerca de la igualdad, la libertad y la dignidad. En los dos se reconoce que los indígenas no han podido beneficiarse de los derechos humanos fundamentales, debido a su condición natural y social –en el Convenio 107/57-, debido a su condición política —en el Convenio 169/89—.

En el Convenio 107/57 se menciona el derecho de los indígenas a la libertad, la dignidad y el “desarrollo material y espiritual”,12 mediante la progresiva incorporación, de las poblaciones que aún no lo estaban, a la colectividad nacional de la que hicieran parte.

En 1989, en cambio, el status político de las exigencias sobre los territorios hace manifestar a la OIT que los indígenas tienen la capacidad de tomar en sus manos el destino de sus pueblos, y el derecho a ser consultados y a participar directamente de las medidas que los afecten a ellos y a la sociedad nacional en la que se encuentre.13

Mientras que el artículo 23 del Convenio 107/57, estipuló enseñar a leer y escribir a los niños en la lengua materna o mas comúnmente usada, pero “asegurar la transición progresiva de la lengua materna o vernácula, a la lengua nacional o a una de las lenguas oficiales del país...”; el artículo 29 del Convenio 169/89 se refiere a que el manejo de la lengua nacional sólo se dará simultáneamente con el fomento de las lenguas vernáculas: “Impartirles conocimientos generales y aptitudes que les ayuden a participar plenamente y en pie de igualdad en la vida de su propia comunidad y en la de la comunidad nacional...”

¿A quiénes se aplicarán estos convenios? Aquí las diferencias son notables también.

El Convenio 107/57, se aplicará:
a los miembros de las poblaciones tribuales o semitribuales en los países independientes, cuyas condiciones sociales y económicas correspondan a una etapa menos avanzada que la alcanzada por los otros sectores de la colectividad nacional, [que habitaban la región a la llegada de los conquistadores y durante la colonia], y que cualquiera que sea su situación jurídica, viven más de acuerdo con las instituciones sociales, económicas y culturales de dicha época y no con las instituciones de la Nación a la que pertenecen.
Por el contrario, en 1989:
Considerando la evolución del derecho internacional desde 1957, [el Convenio 169 se aplicará] a los pueblos tribales [...] cuyas condiciones sociales, culturales y económicas les distingan de otros sectores de la colectividad nacional, [que al momento de la conquista o colonización habitaban la región y que] conservan todas sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.
A pesar de la aparente metamorfosis, los intereses internacionales de hoy sobre los indígenas siguen siendo más consecuentes con la estructura y el sistema de mercado capitalista que con una transformación básica de las relaciones de poder.

En una suerte de mutación, la supremacía del Desarrollo convencional ha deambulado en el tiempo y el espacio, emblemáticamente ilesa.

Llegó hasta la actualidad Colombiana y viajó un poco lenta al sur occidente, hacia Guambía.


 
 
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