Luis Guillermo Vasco   Luis Guillermo Vasco
 
LOS CAMINOS DEL AGUA. Según la tradición oral de los raizales de la Sabana de Bogotá
LAS HISTORIAS Y LAS PALABRAS


Todas las historias tienen en la memoria las mismas caras que las cuentan, los mismos largos espacios, las imitaciones de sonidos, los ojos negros fijos. Hablarlas es hacer recorridos largos, muy largos. Escucharlas es hacer recorridos doblemente largos, el mío y el de la gente-palabra.

Escuchar es ser mujer, una cadeneta en el encaje, un privilegio, una pérdida. Ser hija, ser hermana, ser deseo. Escuchar es oler y comer. El cuerpo envuelto en la historia de su vestido, las manos de tierra y la tierra misma abierta por el azadón, las cobijas de lana tocada hasta la saciedad para existir, el humo insoportable de la cocina en los ojos, la cerveza, la sopa, la gaseosa, el pastel, el arroz, la pasta, el marrano.

Escuchar también es ver. Unas manos mas maduras que las propias en la huerta o en la cocina, en un descanso sosteniendo una cerveza, siguiendo al cielo y a las plantas. Observando las caras y nombres de la palabra que se reconocen entre la multitud de ellas que avanzan impacientes como las ánimas que buscan sus dones. Son los rostros de la familia por donde empieza el recuerdo y se desatan todos los corredores. Vertiginosos se hunden en tiempos que no entendemos, hacia atrás y hacia adelante, uniendo y desatando gente como las nubes amarradas en los corredores del viento.

Es posible mirar las manos hablantes tejiendo, las manos que se miran a si mismas, las que se entran en el cuerpo y vuelven a salir como el agua que entra en la tierra y vuelve a salir hecha gente, como la gente que sale del cuerpo de la gente. Las manos, los rostros, las palabras, las aguas, la sangre son todas la raíz. y tienen los mismos caminos. Escuchar es recorrer esos caminos sudándolos, al recorrer también los propios escondidos.


 
 
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