Luis Guillermo Vasco   Luis Guillermo Vasco
 

EL CARACOL GUAMBIANO Y EL BIG BANG:
DOS CONCEPCIONES SOBRE EL ORIGEN DEL TIEMPO Y DE LA HISTORIA

El KUARIMPOTO GUAMBIANO Y EL ESPACIO ESTELAR

En el pensamiento de los guambianos más antiguos, el mundo es un kuarimpoto, que vino del cielo, se posó en el mar y flota sobre él. Si para nosotros el mundo es redondo y para algunos indígenas del Amazonas es un plato, para los guambianos es ese objeto con el que suelen cubrir su cabeza.

Fig. 33. Kuarimpoto-mundo de los guambianos del Cauca.
Un rayo venido de las estrellas cayó sobre la laguna para engendrar
a los caciques del agua. Dibujo de Misael Aranda


Este dibujo del kuarimpoto-mundo (Fig. 33), elaborado por un compañero guambiano, muestra su centro con un color diferente, que puede ser rosado, rojo o fucsia. Este mundo mantiene su conexión con el espacio, y las estrella y las constelaciones continúan enviando sus rayos sobre él. Cuando los rayos pegan en las lagunas, dan origen a los hijos o niños del agua (piurek). Los guambianos se consideran a sí mismos hijos del agua y el origen de la autoridad y de la cultura está en niños que nacen de las lagunas y bajan por los ríos, de donde son sacados por gentes que no son los guambianos actuales, y criados por ellos; esos niños fueron los primeros caciques que enseñaron a los guambianos todos los elementos de la cultura, modelándolos en oro y entregándoselos para que aprendieran a hacer los tejidos, las vasijas de barro, las herramientas de trabajo, etcétera.

Fig. 34. Kuarimpoto elaborado con una cinta tejida en espiral.
En él puede leerse la historia. Dibujo elaborado con base en Ronald Schwarz:
"Hacia una antropología de la indumentaria: el caso de los Guambianos",
Revista Colombiana de Antropología. vol. XX, Instituto Colombiano de Antropología,
Bogotá, 1976, p. 315


En el kuarimpoto, visto lateralmente (Figs. 34 y 35), se observa un ápice o centro y a partir de él se enrolla la cinta tejida que lo conforma. Técnica de tejer que es similar a la del sombrero vueltiao de los zenú, aunque el resultado es una forma distinta por completo: un caracol tridimensional.

Fig. 35. Perfil del kuarimpoto propio. Nótese el centro en color magenta


Fig. 36. José Antonio Troches tejiendo la historia guambiana en el kuarimpoto


El kuarimpoto contiene, en la cinta que lo constituye, franjas rojas y verdes (o azules), cuyo significado no viene al caso ahora. Podría considerarse que es plano, como se ve en la Fig. 36, o cuando se lo ve puesto sobre una superficie. Pero los guambianos no lo conciben como un objeto en sí, sino en su uso sobre la cabeza de la gente, caso en el cual se estira de su centro hacia arriba, dándole su carácter tridimensional.

Los guambianos dicen que su kuarimpoto propio es un caracol (kuarimpoto de caracol) y que en él es posible leer la historia. El origen de la historia está en ese centro, punto de partida del proceso de tejido y que los guambianos diferencian con un color propio suyo, el magenta, como vimos ocurre con el centro de las galaxias. Explicándolo, se dice que el caracol se desenrolla a partir de ese centro hasta alcanzar la circunferencia externa que lo delimita. Y, luego, vuelve a enrollarse en la dirección contraria, hasta llegar de nuevo al centro; es decir, que conciben un doble movimiento: no solamente aquél de desenrollar para crear el kuarimpoto, sino que hay otro que devuelve por el mismo camino hasta llegar al centro. En ese doble movimiento se despliega la historia.

Es aquí en donde se establece la semejanza fundamental, desde el punto de vista formal, con la teoría del big-bang. Pero la similitud no se queda en lo formal, sino que se da también desde un punto de vista esencial. Para Hawking, el big bang es el origen del tiempo, es decir el origen de la historia; el tiempo de nuestro mundo se cuenta desde la ocurrencia del big bang y durará hasta el big-crash, hasta que toda la materia que lo conforma vuelva a concentrarse en el centro. Para los guambianos, esa es también la concepción de la historia y del tiempo que puede leerse en el kuarimpoto, en el caracol, este un elemento natural, el otro, uno cultural, creado por los guambianos para recoger en él y para llevar con él en todo momento la historia sobre sí (Figs. 37 y 38).

Fig. 37. El kuarimpoto guambiano, esquemáticamente visto por encima,
es el caracol del espacio-tiempo que constituye la historia


Fig. 38. En una vista superior, el caracol puede apreciarse con claridad en el kuarimpoto


En un artículo que publiqué en 1997 (“Para los guambianos, la historia es vida”, en Boletín de Antropología, Departamento de Antropología, Universidad de Antioquia, vol. 11, Nº 28, Medellín, 1997, pp. 115-127), planteo que los guambianos, quienes según la mayor parte de los antropólogos no tenían historia o esta era una historia fría, en términos de Lévi-Strauss, una historia que casi no avanzaba, al contrario tienen en su vida cotidiana una conciencia de la historia más amplia y más vigorosa que la nuestra, como puede verse en su kuarimpoto, que les permite ir con ella todo el tiempo.

En cada actividad que realizan, así sean las actividades rutinarias de la vida cotidiana, tienen conciencia de que están haciendo historia, de que están participando de la historia, una conciencia que nosotros, por lo menos en la vida cotidiana, no tenemos; además, consideramos que los grandes personajes, a quienes por eso llamamos personajes históricos, o los grandes acontecimientos, son los que hacen la historia; es decir, que nosotros, las personas del común, no tenemos nada que ver con ella, porque ni somos grandes personajes ni estamos participando de los grandes acontecimientos; los guambianos, al contrario, consideran que con cada actividad que cualquiera de ellos efectúa está haciendo historia, está participando de la historia.

Los guambianos hacen énfasis también en una gran cantidad de elementos que son como el caracol, por ejemplo, la manera como la enredadera del fríjol se enrolla alrededor de las cañas del maíz, porque los guambianos practican una forma de sembrar que llaman cultivo acompañado, o siembra mixta, como la llaman los técnicos de hoy, y que es característica de las sociedades precolombinas. Dos de los productos que se suelen acompañar son el fríjol y el maíz; el fríjol sube enrollándose sobre la caña del maíz, y así se evita tener que envarar las frijoleras; otro tanto sucede con los cultivos de arveja. También ocurre en ciertos árboles del monte en los que, en cierta etapa de su crecimiento, el tronco se bifurca y una de las dos divisiones se enrolla alrededor de la otra.

Si nos limitamos a ver el kuarimpoto por encima, encontramos una espiral circunscripta por una circunferencia. Pero la abstracción nos permite ver las dos espirales: la que desenrolla y la que enrolla; podemos pensarlas separadas, aunque estén superpuestas; abstractamente podemos separarlas y voltear la que enrolla hacia un lado (Fig. 39). Los guambianos lo hacen y lo muestran en el petroglifo de la figura 40, en donde aparecen claramente las dos espirales separadas pero conectadas.

Fig. 39. Esquema del petroglifo


Fig. 40. El kuarimpoto puede mirarse como un doble caracol
que desenrolla a partir del centro y luego enrolla de nuevo hasta llegar al mismo centro.
Muchos petroglifos contienen caracoles de diverso tipo


A la antropóloga Alexandra Peña le agradezco la autorización para usar su fotografía (“Del sereno misak y la compulsión moderna, a propósito de los hogares comunitarios de Bienestar Familiar”, Tesis de grado en antropología, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2009, p. 21) de un cultivo de plantas medicinales, que encontró en el Fraylejón, la granja de estas plantas en Guambía, y que está trabajado en forma de caracol (Fig. 41).

Fig. 41. Fotografía de Alexandra Peña en el “Fraylejón”, antigua quinta Sierra Morena,
recuperada y donde está el centro de salud de plantas medicinales


Alexandra encontró también algo importante acerca del trabajo del que ella llama “médico tradicional” (moropik), actividad que en castellano los guambianos denominan refresco y que se realiza casi siempre fuera de las viviendas. En un caso al que pudo asistir, alguno asistentes trazaron con palas y azadones un caracol en el suelo del lugar en donde se iba a realizar la actividad. Los asistentes se colocaron sobre él y la persona encargada de ir repartiendo el refresco se movía siguiendo ese caracol, yendo desde la periferia hacia el centro; además todo el trabajo estuvo relacionado en forma permanente con el caracol marcado en el suelo y que la gente reprodujo con su ubicación espacial. El moropik está en permanente comunicación con las estrellas, en especial con el caracol que hay en el cielo, la Vía Láctea. Pese a que en las noches despejadas de Guambía, esta se ve simplemente como una franja que atraviesa el cielo (Fig. 42), su movimiento y el de las demás estrellas dan las indicaciones de cómo se tiene que ir desarrollando el trabajo; si el cielo no se despeja, si está nublado y no se ven las estrellas, el trabajo no se puede hacer o no termina, no resulta.

Fig. 42. Así se ve la Vía Láctea desde la tierra
(http://www.pictureofthe.net/image/a/na/li/english/pt/s/pn/milkywaypan_brunier_h600.jpg/)


Los guambianos afirman que su vida está marcada por el movimiento de las estrellas. Y una forma de concretar este planteamiento en la vida cotidiana es el refresco, porque este tiene lugar cada cierto tiempo, en condiciones que decide la comunidad. En la época de las luchas de recuperación de tierras se hacía con frecuencia. Es claro que los moropik, tienen claridad de que el caracol con el que están trabajando en el suelo está ligado con el que hay en el cielo, al cual reproducen y del cual depende la vida de la sociedad guambiana.

También en el espacio estelar ocurre el caso de las dos espirales entrelazadas. En los sistemas binarios hay pares de estrellas que están relacionadas entre sí y con frecuencia una de ellas roba su energía a la otra y, en el momento en que se está estableciendo ese flujo de energía entre las dos, la figura es la de dos espirales entrelazadas; el centro está diferenciado (Fig. 43).

Fig. 43. La atmósfera estelar luminosa de una binaria de contacto fluye de la estrella
gigante roja al disco de acreción de una estrella pulsar de neutrones (derecha).
El disco brilla en rayos X y otras radiaciones en el punto de contacto.
Pintura de Don Davis. (Carl Sagan: COSMOS, p. 235)


En la vida cotidiana guambiana, la historia personal también es una historia marcada por los astros. Cuando nace un niño o niña, —primero nacía alrededor del fogón, ahora va al hospital Mamá Dominga y a veces permiten que una partera lo vea o por lo menos acompañe en el hospital—, la placenta se entierra en la ceniza del fogón para que el hilo de la vida de cada persona quede amarrado a ese centro, cuyo color, que es el de las llamas, es naranja, lo mismo que el de ese núcleo que hemos visto en las galaxias y en el kuarimpoto guambiano. Las personas siguen atadas a ese centro con un hilo toda su vida, así lo dicen. Su vida entera consiste en un desenrollar de este hilo. Existe la idea de que los guambianos deben volver a morir a Guambía, a su casa, para enrollar el hilo de nuevo.

Eso implica que el proceso guambiano de tejido de las ruanas de los hombres, de los anacos y de los chumbes de las mujeres, sea un tejer la vida, porque los guambianos asimilan ese hilo que constituye la placenta enterrada en el fogón, de la cual el ser humano no se puede separar nunca, con el hilo con que las mujeres van tejiendo esos elementos de la vida cotidiana de hombres y mujeres; o sea que no se trata de elementos separados, sino que hay toda una cosmovisión que se refleja en cada uno de los aspectos de la vida cotidiana de la gente, de sus elementos de la producción cultural material, etcétera.
 
 
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